Recientemente en el Ecuador hemos vivido la tragedia enorme de un terremoto, en donde cientos de personas han fallecido y otras se encuentran heridas o desaparecidas. Intenso es el impacto que se ha vivido en nuestro país, ante un evento de tan graves secuelas y que nos ha tomado desprevenidos. Es difícil encontrar una fórmula rápida y específica para superar una situación tan grave, sin embargo se analizarán los elementos que ayudan a nivel psicológico a superar situaciones de trauma.

Inicialmente las personas que han vivido una situación tan dura como la muerte de familiares cercanos, la pérdida de su casa o la indigencia, necesitan ser escuchados con empatía e interés genuino, en estos casos los terapeutas permiten que la persona se desahogue sin presiones, juicios de valor o consejos en pastilla. Por lo tanto para las personas que están cerca de las víctimas del terremoto y están haciendo un trabajo de contención voluntariado, es recomendable, que se permitan conectarse afectivamente con las personas que viven la situación. Para esto la persona debe tomarse el tiempo de escuchar al otro, permitirle que llore, que hable de lo que le pasa, de lo que siente y entenderlo de forma empática, poniéndose en sus zapatos. Muchas veces por el intento de ayudar damos consejos simples y obvios; como por ejemplo: ya ponte bien o piensa positivo, cuando todavía no es el momento para decirlo. Frente a situaciones difíciles es fundamental tener el periodo del duelo, que es poder tomarse el tiempo necesario para expresar el dolor, sentirlo, procesarlo y entender lo que está pasando.

Etapas del duelo:

-Negación: La persona no asimila lo que está pasando y lo niega, como si no pasara nada.

Iras: La persona tiene iras ante sí mismo, la situación, su impotencia, el universo, Dios,etc.

Depresión: Sentimientos de tristeza, frustración y negatividad, acompañados de apatía y desmotivación.

Negociación: Aparece la posibilidad de aceptar la circunstancia, muchas veces con la ayuda de encontrarle un sentido, hacer un ritual de cierre, entregar algo, prometer algo o llevarse algo de la situación. Es decir la persona coquetea con la idea de aceptarlo, a cambio de algo que le ayude a digerirlo.

Aceptación: Finalmente la persona acepta lo sucedido y continua con su vida, eso no significa que no lo recuerde, pero al fin logra asimilarlo, darle un significado e integrarlo en su psique.

Para que el duelo concluya es necesario un tiempo determinado, que va a depender de la persona que lo vive, en casos de pérdidas de familiares puede ir de 6 meses a 2 años. Por lo tanto no se debe presionar el proceso natural de cada persona.

Una herramienta útil para ayudar al otro a superarlo, es darle apoyo afectivo, un espacio para conversarlo, mientras más se hable de esto la persona logrará reincorporarlo internamente, dándole un sentido a nivel de la narrativa. Además ayuda encontrar un sentido de aprendizaje de lo que ha pasado, en donde el individuo pueda llevarse algo constructivo de la experiencia. En este caso después de un fenómeno natural como un terremoto, podría ser un sentido de colaboración comunitaria, el buscar ayudar a otros que viven lo mismo, tomar el liderazgo para reconstruir lo dañado, liderar grupos de trabajo, proponerse sostener y apoyar a la familia y retomar el valor de la propia vida.

De muchas crisis salen nuevos líderes y situaciones de mayor crecimiento y motivación, a través del dolor aprendemos, nos reconstruimos y encontramos un nuevo poder que no sabíamos que existía anteriormente. Como el famoso dicho de Nietzsche: “Lo que no te mata, te hace más fuerte” que se puede interpretar como llegar al límite del sufrimiento y descubrir que la única alternativa es salir adelante, con el impulso de la voluntad, de esa manera la persona después se siente lista, para superar cualquier otro reto que se presente.

Un elemento que ayuda en el proceso de curación del trauma es la resiliencia, que es la posibilidad de adaptarse y salir de los problemas utilizando recursos internos, como el positivismo, el sentido del humor o tomando algo que le sirva para crecer.

Generalmente, las personas logran adaptarse con el tiempo a las situaciones que cambian dramáticamente su vida y que aumentan su estado de tensión. Es importante haber desarrollado resiliencia, la capacidad para adaptarse y superar la adversidad. Ésta se aprende en un proceso que requiere tiempo y dedicación o puede venir dada desde la casa y la identidad previa.

Una persona que aprendió de sus padres, el uso de la creatividad para salir de los problemas, creencias constructivas y el sentido de responsabilidad de la propia vida, tiene mayores posibilidades de ser resiliente.

Es la capacidad que tenemos de autogestionarios y organizarnos, frente a una situación nueva y difícil, de tal forma que logramos transformarla y acoplarnos a esta, está vinculada con el sentido de supervivencia. El que se adapta sobrevive, claro que en el caso de los humanos entran en juego varios factores como los procesos emocionales y la estabilidad interna.

Si existe una baja capacidad de resilencia, la persona necesita reconstruirse por medio de metas, un autoconcepto positivo dado por el mismo, trabajos o proyectos que refuercen la confianza, rodearse de personas amorosas y positivas.

Dentro de los tratamientos psicológicos el EMDR, que se traduce como reprocesamiento y desensibilización a través del movimiento ocular rápido, es una de las técnicas más efectivas. Empezó a aplicarse con soldados que volvieron de la guerra, con estrés post traumático y dio resultados positivos. Por lo tanto esta terapia se usa para situaciones de catástrofes naturales de este tipo y ayuda a que las personas, mejoren los síntomas de ansiedad y estrés, reprocesando la información del trauma. El trauma ocurre, porque es una situación inesperada que llega y que no logra ser entendida o asimilada, con este tipo de terapia la persona logra digerirlo y aceptarlo.

La Terapia cognitiva es otra técnica efectiva, en donde se trabaja con la re interpretación de la situación, ayudándole al paciente a observarla desde una visión más objetiva, buscando una perspectiva que sea funcional para la persona, lejos de la depresión. En estos casos graves lo que más ayuda es encontrar el sentido del dolor o de la tragedia; el aprendizaje.

En la terapia emocional se le permite a la persona expresar sus emociones, hasta que estas se transformen en aceptación y fuerza.

En casos de una situación de tal magnitud, vale la pena crear un grupo de psicólogos voluntarios, con planes de apoyo de grupo. No es una tarea fácil soltar el dolor, pero el apoyo de profesionales y de la comunidad puede ayudar a que las personas que han vivido la tragedia, se sientan contenidas, apoyadas y queridas; esto ya es un elemento que ayuda a retomar la fe. El tiempo ayudará a la reconstrucción de la vida y los espacios, que terminará de sanar el trauma, guardando en el corazón a las personas que se fueron.

Escrito por Psicóloga Adriana Fornasini

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